Texto por: Natalie Sánchez    |   Fecha de publicación: Noviembre 15, 2015

“Oh, child, your language is so utterly simple and limited that it has the effect of extreme complication.”
— A wrinkle in time. Boris Pasternak.

La Galería La Cometa se alza impávida entre los edificios residenciales del vecindario donde se encuentra. Aunque las exposiciones generalmente se toman por completo el espacio, en esta ocasión desde la entrada se ve que la muestra de Regina Silveira va a ser algo memorable, por toda la fachada se extiende un tejido rosado de lana que parece atravesar el concreto con una aguja. La calcomanía logra un efecto visual impresionante, hay que aguzar el ojo para constatar que no le han hecho punto y cadeneta al hormigón.

Al entrar, nos recibe una copa de vino y una pantalla vertical de televisión, en ella gira una mano hecha con una retícula. Está haciendo pistola. En el fondo del salón está Regina, una señora menudita que guarda un silencio cortés detrás de unas gafas de profesora. Suelta un delicado “obrigado” de tanto en tanto, así que es una sorpresa curiosa que haya sido ella la de la idea de la mano.

El recorrido continúa, esta vez aparece un soporte más tradicional. En unos soportes de acrílico se muestra enmarcado hoja por hoja un manual de diseño. En una cartilla originalmente diseñada para enseñarle a los estudiantes cómo dibujar manos, Regina intervino y hace que una pistola rote en posiciones provocadoras. Su intromisión es una declaración temprana de sus dudas con la enseñanza académica del arte. Esta soltura e irreverencia es la que le permite al curador Andrés Hernández poner su obra en diálogo con el arte brasilero de 4 generaciones diferentes, en esta ocasión entre los muros de la Cometa se hace una reunión inolvidable entre Lydia Okumura, Lucas Bambozzi, Andrey Zignatto y Renato Pera.

Con materiales muy diversos, los artistas tejen una trama entre sus tópicos y al mismo tiempo con la obra de Regina. En el salón del fondo de La Cometa nos hablan poderosamente varias esculturas, el que asista a la exposición podrá verificar por sí mismo el mensaje de cada uno de los convocados a “METÁFORAS CONSTRUIDAS”.

Si se empieza el recorrido viendo lo que hay desde la derecha, se puede ver cómo las cuerdas en tensión revelan la estructura que hay detrás de todas las cosas. Al saltar a la siguiente pieza, se puede interpretar el enigmático trabajo de la maqueta de unas ventanas que no se pueden abrir, como la manifestación de una potencia que podría ser y que no es. Y si se fija la mirada e la pared de la izquierda, es posible descubrir en las retículas del muro que todos tenemos límites mentales que preferimos no romper, pero que son muchas veces desafiados por la vida real.

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