¿Qué sería del mundo sin las sombras? Me lo pregunto mientras veo como la mía se desliza por las superficies de la carrera 15 en Bogotá. Se mueve, se corta, se ablanda y se endurece; nunca se separa. Estoy con un cierto grado de seguridad que todos en algún momento han tratado de ganarle a su sombra en una carrera. En mi torpe infancia empezaba a correr de la nada esperando que la sombra se separara de mis pies, era un deseo íntimo (y todavía lo es). Un movimiento súbito a la derecha y otro a la izquierda, la sombra continuaba adherida a mí. Lo hacía porque quería probar que mi sombra no era yo sino una criatura siempre en el acecho y nunca en al ataque. Recientemente he aprendido a convivir con ella, ya no trato de engañarla o de separarme, y cuando la veo en una superficie incomoda me muevo para que se relaje; mi sombra sigue siendo esa criatura siempre en el acecho porque es lo que fui, lo soy y lo que seré. La exposición “La Poética de las Sombras” de Diego Mendoza Imbachí en Galería Beta, junta estos dos elementos para aludir al lugar donde se crió. Las sombras juegan el papel de ser un eco de la memoria del campo.

 

Fotos por: María Isabel Restrepo   |  Texto por: Santiago Trujillo   |    País: Colombia 
Fecha de publicación: Septiembre 18, 2016

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