El carácter de lo “doméstico” alude a  lo familiar, lo conocido, lo cercano por eso el título de la exposición que se encuentra en la galería Instituto de visión es un juego: “Frecuencia doméstica” habla (y muestra) el deseo femenino como una dimensión que aunque se pretende domesticada no ocurre ni en el tiempo ni de las formas sospechadas. Las obras de Sandra Llano-Mejía, Karen Lamassonne y Tania Candiani, busca crean una frecuencia, un patrón cuya principal relación es su intensidad:

La feminidad se simboliza a través de un electrocardiograma en la pieza In-pulso de Sandra Llano-Mejía. ¿Acaso son las mujeres todo corazón?

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Se manifesta dual en la pieza Cacerolazo de Tania Candiani, en la que se conforma una batería con elementos de cocina ¿Se llama a un levantamiento por expandir los horizontes lúdicos y profesionales más allá de los quehaceres de la casa?

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Se revela con las fotos de Karen Lamassonne en las piezas de Sueño húmedo que muestran momentos íntimos vistos por una especie de voyeur ¿Es la pieza un autorretrato? ¿Por qué el deseo femenino tiene una naturaleza anónima?

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