Texto: Samuel Morales – Fotos: Cortesía Corporación Matamoros

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La Corporación Matamoros cumple más de 30 años en su misión de ayudar a los miembros de la Fuerza Pública y a sus familias. Subastas como ésta, siendo la décimo primera edición y la primera realizada en tiempos de posconflicto, generan los fondos necesarios para las donaciones que se destinan a soldados y policías. Ya sea a través de becas, asistencia médica, programas de rehabilitación u hogares de paso, el objetivo final es lograr recaudar los fondos suficientes para ayudar a los más de 13.500 hombres y mujeres efectivos heridos en la guerra. Hasta hoy han sido recaudados más de 1.000 millones de pesos, lo cual ha permitido a la Corporación Matamoros ayudar a más de mil personas, entre ellas a las viudas y huérfanos de los caídos en combate.

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La subasta, dirigida por Pilar Cabrera y presentada por Yamir Palacio, tuvo más de 70 obras originales en venta de varios fotógrafos y artistas de hoy y antaño. Sady González, Nereo López, Hernán Díaz, Carlos Caicedo, Santiago Harker, Adriana Marmorek, Leo Matiz, Rossina Bossio, Diana Salcedo, Juanita Carrasco Suescún, Vladdo, son algunos de los nombres que estuvieron a través de su obra, y que con ellas, en las palabras del sargento primero Francisco Pedraza: “Participarán de las pinceladas que dieron los soldados para construir una Colombia en paz; la obra más grande que hemos hecho”.

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A merced de los martillos Ricardo Barreneche y Ricardo Arango, las cartillas y los números se alzan estrepitosamente cuando empieza la subasta de una obra en particular. 2 millones, 2 millones doscientos, 4 millones, 6 millones cuatrocientos, 10 millones, 15 millones, los precios suben, los martillos alientan, las ofertas ascienden, solo uno puede llevarse el tan anhelado premio. Hasta escucharse la última sentencia del martillo se calla el recinto; un estruendoso “¡Vendido!” queda en el eco del salón.

“El arte es una muy buena inversión, pero mejor inversión es la causa por la que estamos todos aquí”, dice Arango mientras su homólogo pasea entre los corredores del salón incitando a que se levanten los brazos vacilantes. Cuando la batalla comienza los participantes se convierten en el número que les fueron asignados, y sus armas son las ofertas que, algunas desesperadas y otras seguras, blanden estrepitosamente contra ellos.

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Camilo Serrano, fotógrafo aficionado y coleccionista con el número 165, afortunado que se llevó la legendaria fotografía Machetes en la noche del 9 de abril de 1948 de Sady González por 2 millones, le comenta a Stop Art sobre su nueva adquisición: “Soy muy consciente de la historia de la fotografía colombiana, y Sady es uno de los pioneros que yo más admiro. La oportunidad de tener una obra de él, sobre todo una tan emblemática como la de los machetes en el Bogotazo, y por haberla conseguido por el mínimo siento que me salió un gran lujo por una ganga”.

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Para sorpresa de muchos, tanto para espectadores, martillos y compradores, el precio de la fotografía no escaló más allá de su precio base; la única oferta fue la de Camilo. “No lo podía creer, fue increíble, pero mejor para mí porque me voy feliz con un Sady González y un Hernán Díaz”, refiriéndose también a la fotografía Nueva York de Hernán Díaz (1968) que compró por menos de 2 millones. Otras fotos como Chino colgado del trolley de Carlos Caicedo (1973) hicieron justicia a su nombre y las ofertas se dispararon. La carrera entre el número 201 y el número 300 elevaron el precio base de 3 millones de pesos hasta ser vendida finalmente en 6 millones quinientos.

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Para el evento participaron más de 500 personas y se recaudaron los fondos suficientes para 300 becas de educación primaria, media y superior para las familias de los integrantes de la Fuerza Pública víctimas del conflicto armado.

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Adriana Marmorek y Andrea Peña

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