Fotos: Natalia Forero – Texto: Natalie Sánchez

“Pasa un año  se escucha una canción, que trae al recuerdo la imagen distorsionada de alguien probablemente distorsionado, se piensa al respecto, pero ya la lejanía y el tiempo han hecho que ese personaje sea un viejo conocido y un nuevo desconocido

-Las lecciones del Dr. Zoroastro o cómo mantener el ritmo sin metrónomo-

 

Para Juan Carlos Delgado no hay nada casi nada verídico en un recuerdo, las personas siempre hacen memoria motivadas e inspiradas por sus sentimientos: amplían o minimizan detalles, hechos. Alrededor de esta distorsión mnemotécnica a la que es imposible escapar construye las piezas de su más reciente exposición: “El Acantilado”.

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El artista materializa la inasibilidad de lo pasado desde su primera pieza, unos grandes paneles de madera que tienen talladas letras invertidas como si fueran una plancha para grabado. Letra por letra se lee la palabra BRUMA, una neblina que se asemeja en sus características a la experiencia que es traer un hecho del pasado al presente.DSC_0685

Le interesan también las causas y consecuencias sensoriales de la memoria, por esa razón la exposición continúa con una serie de dípticos conforman lo que considera son los pantones del recuerdo:

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Los monocromos rojos son inspirados en los ejercicios de introspección en los que uno cierra los ojos y si tiene una fuente de luz cerca lo primero que uno ve es un plano rojo. 

Los cuadros que están en crema y grises con los que hace alusión a la fotografía antigua que si bien contienen una memorias familiares individual, también pueden llegar a ser una memoria colectiva, porque estamos acostumbrados a que las grandes informaciones se den en archivo cuyas ilustraciones tienen ese color.

Y por último, las piezas que están en negro y verde, que son un diálogo entre el verde sanador (de los hospitales, por ejemplo) y el negro que apela a la muerte. 

Mediante la obra de los marcos antiguos embebidos en bloques de resina, (estos son unos cuadros a los que no les ha quitado la imagen pero los pone al revés y él es el único que sabe qué hay) niega las imágenes y así les da la importancia que merecen, porque a veces cuando las cosas se ven, no se saben leer.

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Este ejercicio aluden a lo que se convierten los recuerdos, y especialmente los recuerdos de personas a las que uno ha querido mucho y que ya no están; uno los tiene muy presentes, pero no los puede ver. Al dejar ver sólo su espalda, existe la posibilidad de llenar los vacíos que se están presentando e intentar enlazar una memoria personal con lo que el cuadro te permite evocar.

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