Henry Palacio y Román Navas convierten la vitrina de un espacio de arte en en un tendedero de ropa, y el interior del espacio expositivo en una lavandería. Más allá de toda metáfora, que resultaría demasiado fácil en tiempos de los Panama Papers, se trata de un conjunto de gestos simples: los artistas invitan a otros artistas de su generación, en general precarizados por el sistema del arte a traer su ropa sucia al espacio de exhibición, donde ellos, les prestan a sus pares el servicio de lavado. “Ciclos de lavado” funciona entonces como la presentación de un servicio a cierto tipo de artistas que sobreviven a pesar de la prestación de servicios, funciona como un ejercicio (común en la práctica de Palacio y Navas) de transformación de los usos del espacio, construye un dispositivo divisorio entre el afuera y el adentro a partir de un tendedero que es, a la vez una cortina y, por último, como una declaración sobre la emergencia de unos artistas a quienes se les abren las puertas del mercado siempre y cuando muestren “en limpio”.

Fotos por: María Isabel Restrepo   |   Textos: Victor Albarracín   |    País: Colombia 

Fecha de publicación: Abril 14, 2016

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