Texto: María Isabel Pachón  

“Espejo mágico dime una cosa: ¿Quién es en este reino la más hermosa?”, esta pregunta que le hace la madrastra de Blancanieves al espejo es la que nos hacemos las mujeres todos los días. De acuerdo con Lacan, es en el momento que el niño se ve al espejo que se da cuenta de que tiene una apariencia exterior, de que es un objeto visible y, por lo tanto, está siendo observado. Las mujeres siempre tenemos la conciencia de estar siendo observadas. Desde pequeñas, nos han enseñado a llevar un espejo interno, a contemplarnos continuamente, a ser para ser vistas. El modo en el que aparecemos ante los demás es crucial porque nuestro sentido de identidad ha sido remplazado por el de ser apreciado por otro.

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En Blancanieves la madrastra busca su identidad en el espejo. El espejo es un otro, con voz propia, que le revela una verdad que ella no quiere aceptar: ella no es la más hermosa del reino. La madrastra es la más bella, o no, dependiendo de la mirada de un otro. Al ser consciente de que es un objeto quiere hacerse reconocer, hacerse desear. Quiere ser la más bella porque teme dejar de ser mirada por el rey. Ella sólo es si es mirada por un hombre y sólo va a ser mirada por un hombre si es la más bella del reino. Por eso le da tanta importancia a la belleza. No ser bella constituye una amenaza para la madrastra, para las mujeres, porque significa dejar de ser.

TITANIC 3D

En un ensayo acerca de la narrativa del cine, la feminista Laura Mulvey introduce el concepto de “mirada masculina”. La mirada masculina ocurre cuando la cámara ubica a la audiencia en la perspectiva del hombre heterosexual. De acuerdo con Mulvey, en las películas las mujeres son convertidas en objetos, ya que son los hombres los que generalmente tienen el control de las cámaras. Aunque Mulvey introduce este concepto para criticar la industria cinematográfica no sólo se aplica en las películas. El pincel también ha sido monopolizado por los hombres. Para nadie es un secreto que en la historia del arte las mujeres han sido mucho más pintadas que pintoras y que han sido representadas, en su mayoría, para un espectador que se asume masculino. Algunos ejemplos muy claros de la historia del arte:

 Vanidad. Hans Memling

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La gran odalisca. Dominique Ingres

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Venus en el espejo. Velázquez

En su libro “Modos de Ver” el crítico de arte John Berger analiza la manera las mujeres desnudas son pintadas casi exclusivamente para observadores masculinos. Durante el Renacimiento las mujeres eran representadas con sus cuerpos hacia el observador, con sus caras volteadas y observando un espejo. La mujer está consciente que es un objeto para la mirada masculina y supervisa su propia feminidad. Ser un desnudo (distinto a estar desnudo), sostiene Berger, equivale a ser visto en estado de desnudez por otros pero no ser reconocido por uno mismo.

Venus de Urbino. Tiziano

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Así es que en la historia del arte se ha minimizado la pasión sexual de la mujer para darle al espectador masculino el monopolio de esa pasión. Las mujeres han de alimentar un apetito sexual, más no han de tener sus propios apetitos.

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A la madrastra de Blancanieves no le interesa ser bella, sino que le interesa ser LA MÁS BELLA de todo el reino. En el arte también se ha representado la belleza como objeto de competencia. En “El juicio de Paris” de Rubens, Paris premia con una manzana a la mujer que él considera más bella. Hoy ya no son frutas, son  coronas en los concursos de belleza y likes en Instagram.

El arte refleja la construcción social que se ha hecho y que se sigue haciendo de la mujer. El concepto de belleza en el arte ha ido cambiando pero siempre se ha ajustado al canon de belleza de cada etapa. El arte ha sido uno de los encargados de reproducir un ideal de mujer que refleja un estándar imposible de perfección: mujeres recostadas en sofás, cubriendo ligeramente sus partes intimas, mirando con distancia, manteniendo un balance perfecto entre inocencia y seducción. El ideal de mujer retratado por las obras de arte se ajusta a las exigencias que se le hacen a la mujer en el día a día: ser modesta pero no frígida, sexy pero no sexual, inocente pero no boba, coqueta pero no puta, hermosa pero no banal…

Do Women Have To Be Naked To Get Into the Met. Museum? 1989 by Guerrilla Girls

Linda Nochlin afirma en un artículo que en el arte se ha mantenido la creencia de que “el cuerpo femenino puede inspirar pero no puede crear”.  Según Lacan, el efecto psicológico del conocimiento de estar siendo observado es la perdida de autonomía. La mujer es pasiva hacía la mirada activa del hombre. En el arte, sostiene Berger, “los hombres actúan y las mujeres aparecen. Los hombres ven a las mujeres. Las mujeres se observan siendo vistas”. Esto quiere decir que la mirada femenina ha sido igual a la mirada masculina. Es decir, que las mujeres se han visto a sí mismas a través de los ojos de los hombres. La pregunta es si para las mujeres es posible salirse de esta posición pasiva, si les posible observarse y crear obras sin asumir una mirada masculina. En “The Woman Destroyed”, una exhibición presentada en PPOW gallery de Nueva York, un grupo de artistas parece demostrar que sí es posible.

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Las obras que hacen parte de “The Woman Destroyed”  pretenden quebrar el ideal de mujer que se ha construido en el arte. En vez de retratar las mujeres dóciles que algunas vez inspiraron los cuadros de Manet, retratan a mujeres como Monique, la protagonista de “The woman destroyed”, un libro homónimo (muy recomendado) de Simone De Beauvoir del que la exposición toma el título. Retratan a mujeres luchando, ahogándose, sangrando, a veces demasiado vulnerables, a veces demasiado fuertes. Monique es una mujer de cuarenta y cuatro años que, tras haber dedicado toda su vida a su esposo y a sus dos hijas, se entera de que su esposo le está siendo infiel y va perdiendo poco a poco su identidad. Ella sólo se reconoce a través de la mirada de su esposo y dejar de ser observada por él significa dejar de existir.

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Yo perdí mi imagen. No la miraba a menudo, pero, en el trasfondo estaba allí, tal como Maurice la había pintado para mí. Una mujer directa, verdadera, ‘auténtica’, sin mezquindad ni compromiso pero comprensiva, indulgente, sensible, profunda, atenta a las cosas y a la gente, apasionadamente entregada a los seres que amaba y creando para ellos la felicidad. Una hermosa vida, serena y plena, ‘armoniosa’. Está oscuro, ya no veo. ¿Y qué ven los otros? Quizá algo horrible”.

Las mujeres retratadas en las obras comparten con Monique los sentimientos de alienación, opresión y discriminación. Todos los artistas exploran el tema de la musa en medio del desastre. La exposición cuenta con los trabajos de Elizabeth Glaessner, Lauren Kelley, David Mramor, Allison Schulnik, Jessica Stoller y Robin F. Williams.

 “Grounded” Elizabeth Glaessner.

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Backside Float” Lauren Kelley

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 Venus” David Mramor

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Venus in bed. David Mramor

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 GatherJessica Stoller

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Weave. Jessica Stoller

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Así como el arte puede perpetuar ciertos estereotipos también puede romperlos. Estas obras de “The Woman Destroyed”  se alejan de la imagen ideal de mujer que se ha representado en el arte. Tal vez no logran quebrar completamente el espejo de la madrastra de Blancanieves pero logran por lo menos contestarle, salirse de su posición pasiva. Su manera de rebelarse es no haciéndose la pregunta sobre quién es la más bella porque saben que toda respuesta va enmarcarse dentro de una mirada masculina.

 

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