Dagoberto Rodríguez: En Cuba hay una cárcel muy famosa en una isla que está al sur de Cuba, se llama la Isla de la Juventud ahora. En los años treinta construyeron un penal inmenso que se suponía que era el penal más avanzado para su época. En este penal, un guarda que estaba en el centro vigilaba a todos los internos que estaban en una distribución parecida a la que tenemos aquí. Entonces tú no le veías la cara al guarda, pero el guarda sabía exactamente lo que estabas haciendo… Cuándo te sentabas, dónde te sentabas. Antiguamente, cuando no había cámaras de vigilancia, este era un sistema súper eficaz para controlar. Nosotros lo que hemos hecho es utilizar este sistema en biblioteca.

Esta es la novena biblioteca que construimos. Se ha hecho específicamente para este lugar, medimos todo el espacio e hicimos un mueble que estuviera, que pegara en este espacio. Tiene una entrada como una especie de túnel y un hall grande acá atrás, pero no solo eso, queríamos (y esto es una colaboración con NC-Arte) que la escultura no fuera una escultura solo para venir y mirar, sino que la escultura fuera una escultura viva, que tuviera un programa, una especie de intercambio de libros, y a través de este intercambio la gente conozca qué cosa es el panóptico, y tenga una actitud más bien activa respecto a una obra de arte.

S.A: Es como cambiar la metáfora de una cosa que significa encierro, vigilancia…

D.R: Y darle un uso civil, otorgarle una funcionalidad civil y una utilidad que no es la de guardar gente, que no es la de vigilar gente, sino vigilar libros. ¿Por qué? Porque a nosotros nos interesa el conocimiento, nos fascina el conocimiento y pensamos que aunque no hay muchos libros disponibles que se va a colocar una gran colección de libros que ha sido donada por diferentes museos. El Museo de Reina Sofía en España ha donado una parte y otros, ¡qué se yo! Hemos logrado conformar una especie de pequeña biblioteca que ponemos en consideración de la gente.

S.A: ¿Qué esperas que pase en la mente de una persona cuando le entregas una escultura de estas? ¿De qué manera cambia su vida después de ver una escultura de estas?

D.R: No cambia la vida de nadie, pero yo pienso que si logramos que alguien entre, venga a la biblioteca y sea capaz de llevarse un libro, tener una especie de intercambio con los textos que tenemos aquí, ya nosotros podemos sentirnos satisfechos de alguna manera.

S.A: ¿Nos puedes hablar de la pieza que hicieron en el MAMU?

D.R: En el MAMU hay una exposición completa, los dos pisos del MAMU. Es una exposición que cubre alrededor de diez años de trabajo. La obra más antigua es como del año 2003, digamos, y hay piezas muy recientes de ahora, del 2017. La exposición del MAMU está enfocada en el proceso de trabajo que nosotros hemos elegido. Nosotros llevamos 25 años trabajando juntos como podrás ver, que éramos estudiantes hasta ahora, y de alguna manera hemos querido exponer cómo es ese proceso. Hay un piso dedicado en este sentido que no tiene obras terminadas, es como una especie de muestrario en donde están todos los objetos residuales que tenemos en el estudio que dicen qué materiales elegimos, cómo hacemos las pruebas de color que utilizamos para hacer las acuarelas y toda esta información que nunca ha sido expuesta la estamos poniendo a consideración de la audiencia colombiana por primera vez.

S.A: Se puede interpretar como una de-construcción de su estudio…

D.R: Sí, es una especie de estudio abierto en algunas de las salas. Hay obras que sí están completas, están terminadas, pero hay una sección de esta exposición que es como una especie de open studio con todos los objetos que tenemos en el estudio, lo que se ha ido quedando de las esculturas, las pequeñas maquetas, todo este material que nunca exhibimos, que siempre se queda, que es como residual. Nosotros hemos decidido exponerlo por primera vez.

S.A: Aquí en Colombia la relación con los libros es difícil porque el acceso es limitado por lo económico. Cuando alguien tiene una biblioteca es porque ha hecho un esfuerzo muy consciente… En Cuba no sé cómo funcione, ¿hay más bibliotecas públicas?

D.R: En Cuba las bibliotecas públicas son muy interesantes. Fueron muy importantes hasta no hace muchos años. Los cubanos viven fascinados con los libros, de verdad. Recuerdo la biblioteca de mi escuela, cuando éramos estudiantes, tenía unos textos bellísimos. Después se fueron perdiendo y todo, pero yo creo que puedo decir que la relación de los cubanos con los libros es bastante afortunada. Sobre todo el gobierno de Cuba, el gobierno revolucionario, siempre insistió mucho en la parte educativa, en la educación, aunque esta educación tiene un costo político, no nos enseñaron todo lo que queríamos ver, los textos que habían en las bibliotecas son textos que están elegidos con un solo criterio, tienen que hablar bien del gobierno. Entonces yo pienso que aunque son bibliotecas disfuncionales, sí han funcionado. Hay mucho conocimiento archivado en todo esto.

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