Stop Art: ¿Qué distingue a la colección Bachué de una colección “normal” de arte?

José Darío Gutiérrez: La colección Bachué plantea una pregunta muy fuerte: ¿cómo en un país como Colombia que ha sufrido tanta violencia queremos seguir mirando como en el espejo de la madrastra de Blancanieves?, ¿quién es la más bonita? Esa es la imagen que queremos ver eso se ve reflejado en nuestro consumo cultural, por ejemplo, “Colombia, Magia salvaje” es la película más vista en la historia de Colombia. Eso en cierta manera es decir: aquí no está pasando nada. No hay explotación irracional del oro, no hay intoxicación por el mercurio, es un país maravilloso y eso es lo que le gusta ver a la gente y es lo que la gente premia. Las instituciones no están interesadas en preservar la memoria.

La colección que se recopila en el libro “Borrador # 1 o la perpetuidad del voto nacional” es desafiar a la institucionalidad, mostrarle eso que no le gusta.

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S.A: ¿Qué se puede hacer para educar desde el coleccionismo?

J.D.G: Hacer esto es mi respuesta. Desafiar en el buen sentido de la palabra al coleccionismo institucional. Se requiere mucho apoyo de los medios de comunicación para que le den una visibilidad. Lo más complicado y lo que realmente hace falta para estos proyectos es apoyo en la difusión, en la validación como acontecimiento por un registro o noticia de que existen porque los grandes medios entienden la cultura como espectáculo y no como construcción de criterio. Les interesa es un país absolutamente hipnotizado para que pueda seguir más rápidamente las señas que ellos les plantean. Por ejemplo, el cubrimiento que le hicieron a la muerte de Martín Elías no tiene realmente un aporte. Es un artista popular indudablemente que vale, pero ¿vale tanto como para dedicarle la mitad de un noticiero, por ejemplo, o más de la mitad de un noticiero por tres o cuatro días? Todos le dedicaron, los de radio y los de televisión le dedicaron cincuenta por ciento del tiempo a ese morbo popular. Cuatro días en que lo único que oímos es la muerte del cantante. Todos los demás problemas, la corrupción y todo eso… Cortinas de humo. No les interesa la construcción de cultura sino el espacio del espectáculo, lo que es preocupante. Los grandes medios, ninguno tiene una sección de cultura del mundo, hasta el mismo Tiempo ya acabó con las lecturas dominicales.

S.A: ¿Cree que es la pretensión de los medios es poner en la cultura en un lugar inaccesible?

J.D.G: Cuando la cultura lo que hace es formar criterio, no interesa, porque tener un auditorio pensante o tener un público pensante no produce los mismos beneficios de una manera tan eficiente como tener un público obnubilado. Creo que a los medios colombianos no les interesa que se entienda la diferencia entre lo que es popular y lo que es entretenimiento y lo que es folclórico y cultura.

S.A: ¿A partir de estas inquietudes nació la idea de hacer el Espacio El Dorado?

J.D.G: Sí, exactamente. Empezar a hacer algo, pasar del problema a ser parte de la solución, hacer un aporte, dar alternativas y confiar en que el tiempo dará la visibilidad o nos dará el espacio necesario para que haya consciencia sobre estas preocupaciones.

 

S.A: ¿De las piezas de la colección Bachué, cuál podría considerarse como la más representativa?

J.D.G: Yo creo que todas definitivamente hacen un aporte a la comprensión de la realidad nacional y, sobre todo, a mostrar esa debilidad que tenemos o esta tendencia que tenemos a simplificar las cosas y a buscar elementos que nos ayuden a eliminarlas. Es ese concepto de la consagración al Sagrado Corazón de Jesús, que es finalmente la cura para todos nuestros males y la única manera de enfrentar las situaciones que se nos presentan. Cada una realmente lo que muestra es la intención simplificadora tanto de un gobierno, un estado, como la facilidad o la posibilidad de encapsular las realidades, de alejarlas, de perpetuar las tomas de decisiones o el poder en general en unas clases dominantes que no tienen ningún interés de perder poder independientemente de lo que pase abajo.

 

Stop Art: ¿Qué papel tiene el contexto histórico en la exposición?

Cristian Padilla: El producto como libro no se trata solamente de una revisión historiográfica de un documento, sino que en sí misma es también una curaduría; de hecho es la versión editorial de la curaduría.El contexto histórico que estaba ocurriendo en Colombia hace un año con la firma de los acuerdos, es la pauta para que la exposición evoque un evento histórico como el del voto nacional y cómo ese proceso que ha venido ocurriendo desde hace más de un siglo, puede todavía involucrarse a la producción de los artistas colombianos.

El 2016 también era un año que marcaba una agenda bastante curiosa en las políticas nacionales por la parcialidad ilógica de las entidades públicas como la Procuraduría y, especialmente, en vínculo con algunos partidos políticos. ¿Cómo estos argumentaban sus intereses por legitimar la constitución política desde sus propias visiones? El 2016 fue un año en donde se dio una serie de polémicas que se levantaron en torno al, por ejemplo, matrimonio igualitario, a la adopción por parte de parejas gais, al proceso de paz con las FARC e, incluso, a la deslegitimación del Nobel de Paz. Todas estas posturas conservadoras con posiciones religiosas… es decir, un retroceso en las circunstancias políticas del país.

Creo que hace más de 20 años no se vivía ese fervor tan católico que está ocurriendo y está teniendo unas connotaciones a largo plazo bien influyentes. Esa serie de vínculos entre política conservadora e ideología católica/cristiana son precisamente las que encontramos que se vinculan con las dinámicas del voto nacional y con la consagración del país al Sagrado Corazón de Jesús que ocurrió en 1902. Lo que estamos diciendo es que las dinámicas nunca cambiaron ni siquiera ante el cambio de una constitución.

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S.A: ¿Por qué la exposición tiene el nombre de “La perpetuidad del voto nacional”?

C.P: Una anécdota es que José Darío ya venía pensando la exposición hace años. Yo creo que vine a enterarme un poco después. Más bien cerca a la terminación del documento y cerca a la apertura de la exposición, él me comenta que la exposición se va a llamar “La perpetuidad del voto nacional”. Confieso que ahí mismo le dije que no me parecía porque encontraba que la idea del voto nacional no iba a ser muy fácil de reconocer, que exigía por parte del espectador un conocimiento previo de la historia colombiana y, sobre todo, si se iba a tratar de una exposición que se iba a desarrollar en octubre, ligada a las ferias internacionales donde iba a venir mucha gente del extranjero, iba a ser mucho más difícil explicar de qué se trataba el Voto nacional. Después fue cuando comprendí que ese era el reto, que valía la pena tener en debate, que era realmente una apuesta a que el espectador se enterara de qué era el Voto nacional y, a partir de eso, reconstruir toda una historia del siglo XX.

Stop Art: ¿Cuál fue la intención inicial del proyecto?

J.D.G: Cuando surge la idea de hacer un proyecto coleccional, una propuesta coleccionista, la única intención que había en ese momento era la de mostrar unas piezas que evidentemente eran difíciles de obtener para un coleccionista privado, sobre todo porque en general el coleccionismo de arte está mediado o preconcebido con la idea de inversión o con la idea de convivir con arte en el espacio en el que se habita o en el espacio en el que se trabaja. Entonces el criterio fundamental de aquél que compra arte, y que llega a ser llamado coleccionismo, es tener unas piezas con las cuales pueda convivir la gran mayoría de las veces que le planteen satisfacciones o soluciones. La intención arranca con empezar a documentar piezas de la colección que se consideraban representativas, que yo pensaba que deberían pertenecer a una esfera pública, porque todas ellas plantean problemas de difícil resolución que vienen de tiempos ancestrales y que aún hoy, 500 años después o más, no hemos podido resolver.

S.A: ¿Qué papel tenía la violencia y el proceso de paz en el proyecto?

J.D.G: El hecho de intentar una vez más cerrar una era en la historia colombiana a partir de la firma o de ya estar muy cerca de la firma de un pacto de paz iba a solucionar la violencia en Colombia de los últimos 60 años. Estas son obras problemáticas, problematizadoras, producidas por los artistas recientemente en los últimos años de esta situación específica que pretendemos cerrar este año. Como coleccionista me planteaba la primera intención que tuve y dije voy a seguir comprando de acuerdo a una problemática, una intención personal. Quería comparar lo que se producía 15 años antes del cierre de la era de violencia con los 15 años siguientes, en la era del posconflicto. Cuál sería mi sorpresa cuando ganó el NO y toda la exposición estaba planteada sobre el SÍ. Es decir, cerramos un capítulo con un concepto con el cual estamos absolutamente en desacuerdo y esa era la crítica. No se iba a cerrar ninguna era.

S.A: ¿Cómo es esta exposición distinta a las demás?

J.D.G: La exposición tenía una propuesta diferente e interesante a comparación de lo que estaba ocurriendo en otros espacios. Desde el mismo nombre, la exposición proponía tener un perfil epistemológico, es decir, el que entraba a la exposición terminaba aprendiendo de la historia de Colombia de alguna forma, ya fuera un espectador nacional o fuera un espectador foráneo que venía a conocer los procesos contemporáneos de Colombia. Cada una de las piezas tenía un corte historicista que revisaba a lo largo del siglo XX las dinámicas que llevaban a los enfrentamientos actuales. Hay una serie de obras que es interesantísima porque procedía ese diálogo entre historia y prácticas artísticas contemporáneas: por ejemplo, Edinson Quiñones citaba Quintín Lame y eso hacía que, a partir de una obra contemporánea, se vivieran los procesos que viven el campo y los indígenas. Nelson Fory se encontraba desde otra perspectiva mirando el espacio público y los monumentos y revisaba por qué en estos no se encontraba la presencia de comunidades afrodescendientes. Francois Boucher hace la revisión de los años XX con el tema de “Chiquita”, que es la empresa de las bananeras. Alberto Baraya también está ligándose directamente al siglo XIX para señalar los discursos hegemónicos del país como el de las expediciones botánicas. Esta exposición tenía ese plus que se trataba de revisar incluso la misma historia de Colombia a lo largo de todo el siglo XX, incluso atrás. Había, por ejemplo, otros artistas que llamaban la atención porque veían de adentro hacia afuera: desde la perspectiva de ciudadano y de habitante. Dialogaban perfectamente con la obra que Juan Fernando Herrán nos proponía con el documental “La vuelta”, la otra mirada del sicariato y cómo esas vivencias tienen una influencia en la capital en general en el caso de Medellín.

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