Se observaron unos que miraban la obra y se preguntaban cuánto podría costar, mientras otros calculaban precios y hablaban en grupos de querer comprar alguna de las piezas porque…esta “les decía algo”.

Existen múltiples maneras de acercarse a una creación artística. Muchas de ellas se pueden ver en las inauguraciones, que son un termómetro del éxito de una exposición y de la incidencia en el público que la aprecia. Puesto que la observación de las piezas de un artista es lo que completa hasta cierto punto la obra de arte, es en el espectador en donde se define su significado: “The beauty is in the eye of the beholder”.

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En la inauguración de las cuatro exposiciones de la galería El museo, “Liberaciones simbólicas”, “Eva”, “La caja vacía” y “Cocktail Clothes”, el pasado jueves 6 de julio, una de las cosas que más nos llamaron la atención fue la diversidad en los personajes que asistieron: encontramos gente embebida en la obra que sólo quería expresar su opinión acerca de la misma, gente que miraba en silencio, gente que acompañaba a otra gente, gente que hablaba sobre su día y, por supuesto, gente que se emocionaba más por el vino que por cualquier otra cosa.

Al inicio de la velada, resaltaban los artistas, quienes mutuamente se enseñaban sus obras mientras comentaban acerca de la técnica que habían utilizado para lograrlas. Otro pájaro que por ahí revoloteaba era el fotógrafo, que procuraba coger desprevenidos a los que apreciaban las piezas. A medida que avanzaba la noche la galería se llenaba con otras personas que captaban la atención por igual, fueran en tacones y vestido o en Converse y en jean. 

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Había muchos que parecían concentrar su atención más en las fichas técnicas que en la misma obra e, incluso, pedían indicaciones para encontrar los panfletos que describían la exposición. Otros observaban la obra sin decir palabra, asentían para sí y seguían de largo. Algunos, más atrevidos aún, tomaban fotos de las piezas y sólo las veían a través de la pantalla del celular. Unos cuantos se esforzaban por moverse para apreciar la obra desde varias perspectivas, no importaba si se tenían que agachar o si se tenían que alejar. Otros tantos compartieron sus experiencias de la obra con el artista para escuchar su aprobación (y para tomarse una foto con él/ella). Los que de primera mano oyeron las explicaciones de los autores sobre el concepto o la manufactura de las piezas, terminaron instruyendo a otras personas y ampliaron la descripción que se les ofreció. Un teléfono roto con muy buenas intenciones.

Los más peculiares se emocionaban al ver al mesero que cargaba la bandeja con los vinos, le sonreían, le hacían ojitos, aunque apenas estuvieran entrando a la galería o tuvieran otro vaso en la mano. Acababan uno e iban por otro.

Ya hacia el final de la velada sorpresivamente llegaron padres con todo y cochecito. Uno de los niños, incluso, miró tanto una pieza de la exposición de “La caja vacía” (un cubo de espejos que simulaba un vacío infinito) que le dio vértigo y se cayó.

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Después de una noche como esa, los anfitriones de El Museo tuvieron una inauguración entretenida, no sólo llena de arte y de artistas, sino de personas que la recibieron y disfrutaron cada una a su manera.

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