El espacio educativo NC-arte invitó a Luis Camnitzer a unir fuerzas con el colectivo MASKI y de este diálogo entre generaciones y entre artistas surgió la idea de “Los nombramientos”, una instalación interactiva en donde Luis invita a los espectadores a preguntarse por el nombre de las cosas y su naturaleza arbitraria en razón del encuentro con su propio nombre: a Luis no lo bautizaron Luis. Charlamos con él sobre su experiencia interviniendo el espacio y sobre las razones de su exposición:

Stop Art: ¿Quién es Luis Camnitzer y qué hace en NC-arte? 

Luis Camnitzer: Soy un artista uruguayo que vive en Nueva York, me invitaron a hacer una instalación en el espacio de NC-arte, el título es “Los nombramientos” y trata de especular sobre el poder asociado con el acto de nombrar.

Lo que me interesa es la consecuencia educativa en donde todo el sistema de estudios está basado en aprender los nombres de las cosas, los nombres de las disciplinas, los nombres de los cursos, los nombres de los héroes…pero nunca nos enseñan a nombrar.

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Creo que el poder de dar nombres es una forma de apropiarse de las cosas, está en manos de otros y no en manos nuestras. Esa es la idea de la instalación, que consiste en un grupo de objetos que no son reconocibles y que están ahí para ser nombrados, para que la gente les de un nombre, lo escriba y lo ponga al lado del objeto.

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La otra parte es la posibilidad de grabar historias del público sobre el nombre propio que tienen, si sienten que los identifica, si sienten que su nombre no se relaciona, si les gustaría tener otro nombre que les parece que corresponde mejor…todas estas especulaciones se mostraran para que en otra parte de la exposición, el público las escuche por audífonos. Yo también puse la mía.

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Dar nombre a las cosas es una forma de organizar el universo. Das nombres y vas creando categorías. Tienes un universo que en un principio es un caos y mediante el lenguaje lo ordenas para poder sobrevivir. Eso es un acto de poder, es un acto de apropiación. Esta denominación es generalmente un acto colectivo que va siendo aceptado por consenso, y eso diluye y pierde la idea en el individuo de captar el poder que implica ese acto y pocos llegan incluso a cuestionar su propio nombre.

Lo anterior me llevó a pensar, cuando bautizan a alguien, le ponen un nombre. En la tradición judía, el nombre trata de definir el futuro del bebé. Ahí el individuo está sometido y nunca se da cuenta. En general nunca pensamos en eso. Somos quien somos porque dijeron que somos.

S.A: ¿Se cambiaría el nombre?

Bueno, yo nací en Alemania, en mi documento de registro dice Ludwig, en honor a un amigo de mi padre. Cuando llegamos a Uruguay, yo tenía un año y un día mi madre me miró y dijo, no, este no es Ludwig, este es un Peter y así me puso, me siguió llamando así hasta que murió. Ella era la única que me llamaba así, porque el Ludwig en Uruguay se me transformó a un Luis, entonces me dije: Yo soy Luis pero mi madre me llama Peter.

No lo había analizado mucho hasta ese momento. ¿Cómo me siento yo? Me siento “Luis” no me siento Peter, no me siento Ludwig…entonces asumí el poder de la nomenclatura. Poca gente lo hace. Es un desafío que no es racional. Uno no dice: Ah, esto es un desafío de poder en contra de mi personalidad. Pero existe detrás una necesidad de acomodarse a cierta categoría.

S.A: ¿Ha tenido entonces la intuición de cambiarle el nombre a algo del mundo exterior?

L.C: Si, de hecho en mis clases uno de los ejercicios es; “Identifiquen algo que no tenga nombre”, por ejemplo, los huecos de las tijeras donde pones los dedos. Hay muy pocas cosas que no tienen nombre, pero como ejercicio me pareció interesante que buscaran. Los nombres y las denominaciones se supone que es un territorio que está explorado y agotado, pero si uno busca bien, encuentra un rincón que no.

S.A: ¿Qué más fue lo que más te gustó de intervenir un espacio como el de NC?

L.C: NC-arte me interesa porque es el único espacio que conozco que trata de integrar educación con arte. En general las salas de exposición son para presentar obras o situaciones artísticas para el consumo del público, y una galería como estas, que también mezcla la educación, creo que empodera a quien visita la muestra y lo incita a crear su propia situación.

S.A: ¿Qué significa para usted ser un artista?

L.C: Primero, la palabra “artista” es muy relativa porque se refiere a un profesional en general y yo no creo mucho en eso. Para  mi en la base de todo está en que vivimos en un mundo conocido (más o menos) en el cual, la ignorancia es algo negativo. Si te digo “eres una ignorante”, te estoy insultando. Pero bien pensado en realidad, lo que conocemos es muy pequeño; lo que no conocemos es muy grande y es lo que ignoramos. Entonces la ignorancia, bien vista es un territorio que justamente no tiene un mapa y que no tiene nombres. Yo creo que la función del artista es explorar ese mundo, no explorar la parte conocida, que ya la tenemos, sino explorar la parte desconocida y mapearla. Entonces, los objetos que hacemos, o las situaciones que creamos son parte de ese mapa y pasan a ser lo conocido, y el artista sigue explorando y sigue haciendo mapa.

S.A: ¿Por qué es importante que el público que no tiene conocimientos académicos sobre el arte visite galerías o museos?

L.C: No creo que sea importante en la medida en que se está presentando algo de una forma en que no se usa para activar el que mira el objeto sino para decirle: “Mira, esto es importante, tienes que ajustar tu gusto a este objeto para educarte y ser culto”. Yo considero que la relación real sería: “Mira, acá tienes la solución a un problema. Decide si esta solución es una buena solución o a lo mejor tu saldrías con una solución mejor.” Entonces así, en lugar de enfrentarte a la obra de arte como un paquete cerrado, lo que una buena exposición tendría que hacer es llevar al público alrededor de la obra, atrás de ella, entender: ¿Por qué existe esa obra? ¿Qué pasaría si la quemas? ¿Qué se perdería? entender también las condiciones que generaron la obra y con esas condiciones ver si no hay una forma mejor de solucionar el problema que pretende solucionar la obra, incluso en otros medios.

Como la trayectoria de la historia del arte es artesanal, terminas equipado para pintar un cuadro, para hacer una escultura. No sabes qué hacer con la pintura, pero sabes pintar. Y empezar ver “qué hago con la pintura ” pero esa búsqueda está condicionado con el acto de pintar. Estás investigando es: ¿Qué puedo hacer con la pintura? en lugar de investigar qué puede ser. Entonces muchas esculturas, pinturas, performance en realidad son obras que exploran los límites de la artesanía en lugar de explorar los limites.

S.A: ¿Qué consejo le daría a un estudiante de arte?

L.C: Que aprenda a formular problemas interesantes, a formularlos bien y decidir si la solución del problema contribuye al conocimiento colectivo. Buscar la mejor manera de solucionarlo, la mejor manera de presentarlo (y que decida: esto lo soluciono pintando, o tomando fotos, o en video…) en ese momento en el que muestras la presentación ideal para comunicar la solución perfecta de un problema interesante.

 

 

 

 

 

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